
Reflexiones acerca del significado de ‘masificar’
En una mirada retrospectiva a los más de 20 años de trabajo con emprendedores sociales y sus organizaciones, yo a menudo me pregunto cómo integré el concepto de que éxito significaba que el emprendedor o la emprendedora masificara su emprendimiento para lograr un impacto en las políticas y prácticas nacionales e internacionales. Al reflexionar, es sencillo comprender cómo el discurso tomó esa senda, y por qué a muchísimas personas nos sedujo el pensamiento de una promesa de cambio social transformacional respaldado exclusivamente en el hombre o la mujer heroicos y su organización individual, de allí vino el imperativo de incrementar y replicar esa organización única lo más rápido posible.
Afortunadamente, hay un reconocimiento colectivo entre la mayoría de nosotros y nosotras que hemos jugado un papel en influir el pensamiento del 'emprendimiento social' de que cambiar el mundo lleva mucho más que una persona visionaria, carismática, talentosa y apasionada, aunque por cierto es un buen punto de partida.
Por supuesto, nadie duda que el tamaño, aliento y alcance de una organización se relaciona directamente con su impacto, tanto positivo como negativo. Veamos por ejemplo ExxonMobil, actualmente la compañía líder en el mundo según el Financial Times. Este gigante del petróleo y el gas opera en más de 200 países con un presupuesto anual de USD 500 mil millones; tiene un impacto significativo en nuestras vidas y el medioambiente.
Las compañías Fortune 500 han influido nuestro pensamiento en tal medida que ‘masificar’ ahora significa el crecimiento de una organización local a una entidad multinacional, preferentemente global. Pero estas compañías han sido capaces de expandirse al tamaño de ‘ExxonMobil’ en gran parte debido a la infraestructura o el ecosistema, legal y fiscal, que los gobiernos han instaurado para tener apoyo, y ni que hablar del involucramiento crítico de los mercados financieros.
Nuestras ideas de lo que significa ‘masificar’ también han recibido influencia de los empresarios de la Nueva Economía, como Bill Gates, Richard Branson, Warren Buffett, George Soros y Ted Turner, seguidos de una generación más joven que incluye a Jeff Skoll, Pierre Omidyar, Sergey Brin, Larry Page y otros. Todos estos magnates hicieron crecer sus organizaciones al tamaño global. Afortunadamente, muchos de ellos tenían una visión social. Por cierto, son uno de los principales motivos por qué el emprendimiento social ha surgido en el escenario global con tal fuerza y bullicio. Al tratar de resolver profundos e impenetrables problemas medioambientales y sociales, estas personas poderosas y adineradas naturalmente recurrieron a sus experiencias con sus propias compañías. Nuevamente, los intercambios teóricos acerca de lograr una masificación para el impacto se caracterizaron por un énfasis en el crecimiento de una única organización.
Pero los últimos años han sido testigos de un cambio sustantivo en esos intercambios. Ahora hay un reconocimiento de que hay vías diferentes para fortalecer y diseminar una innovación social exitosa, y el modelo corporativo podría no aplicarse.
En tanto aquellas personas emprendedoras sociales tienen el motor primario de crear valor para la sociedad, los empresarios comerciales focalizan primariamente en la apropiación de valor para accionistas y gerentes, aunque cada sector debe moverse con principios del otro lado, porque un emprendimiento integralmente creador de valor no será sostenible y uno apropiador de valor no será legítimo. La unidad central del análisis para la actividad comercial es entonces la compañía, como recinto de apropiación de la rentabilidad a través de los derechos de control sobre los recursos. Para los emprendedores sociales, ha habido una percepción de que se puede masificar un emprendimiento social hasta niveles de gigante sin realmente ahondar en la cuestión: la unidad central del análisis no es la organización sino la solución sostenible y su modelo comercial subyacente.
Este punto de vista es respaldado por la historia. Los cambios sociales masivos nunca han sido atribuidos a una única organización. El movimiento ambientalista, el movimiento de las mujeres, el movimiento por los derechos civiles, la elección en 2008 del Presidente estadounidense Barack Obama –y lamentablemente el terrorismo– no surgieron de una única organización que escaló al tamaño de gigante, sino de la unión de muchos en torno a una causa común.
Así que debemos reflexionar en cómo hacemos masivo un movimiento por el cual emprendedores y emprendedoras sociales y sus organizaciones –por cierto, todas las entidades corporativas– equilibren las metas de apropiación de valor y creación de valor desde el comienzo. No es casual que el tema del Foro Skoll Mundial 2010 es Catalizar la Colaboración, y que por primera vez el foro tiene paneles que abarcan líderes de gobiernos, personas influyentes en la ayuda internacional y modeladores de medios de comunicación sociales, además de inversores y filántropos como es lo común.
Es sólo a través de la unión intersectorial que podemos reintegrar los valores económicos y sociales. Sólo cuando todas las empresas sean empresas sociales, con el bien de la sociedad como motor fundamental de sus actividades comerciales, lograremos la ‘masificación’ que buscamos tan apasionadamente.
Pamela Hartigan es Directora del Skoll Centre for Social Entrepreneurship,
Escuela de Negocios Saïd de la Universidad de Oxford. Correo electrónico Pamela.Hartigan@sbs.ox.ac.uk











